Primero me reí cuando comencé a leer la noticia de que en España fue diseñada “una almohada que potencia la felicidad”. Luego revisé con detenimiento el sustento psicológico del asunto: el accesorio “envuelve” a la persona que lo usa, como si ésta fuera abrazada toda la noche.

Todos conocemos los beneficios de un abrazo: nos hace sentir guarecidos y apoyados por alguien que adopta cierta postura física con tal de estar en contacto con nosotros de forma amable y cariñosa. Eso es lo que buscaron los diseñadores de la almohada, esa sensación de tener un abrazo toda la noche y, al mismo tiempo, adoptar la posición fetal y “abrazar” la almohada como se haría con una persona querida con la que se duerme.

Busqué en internet a la comercializadora de la almohada, vi el precio, hice la conversión desde euros y también vi que se recomienda ampliamente a las personas que duermen solas. En ese momento me puse a pensar cuánta gente tiene problemas para conciliar el sueño o duerme mal durante la noche a pesar de que sí cuentan con pareja con quién compartir el tiempo de descanso.

¿Y si el problema es que no nos comunicamos adecuadamente o no practicamos lo suficiente para encontrar las formas ideales de sentir la solidaridad y el aprecio con un abrazo al momento de quedarnos dormidos? Veo los consejos de expertos que dicen que hasta las personas que más rechazan las escenas melosas están dispuestas a abrazar unos momentos a su pareja y, luego, adoptan la posición que más les guste para dormir, incluso separada.

La mejor noticia de los especialistas es que todo mundo está dispuesto a abrazar y recibir un abrazo cuando éste es sincero. Y que, en efecto, quien duerme abrazado llega más rápido y con mayor eficacia al sueño profundo.

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