El doctor de unos tíos muy queridos les recomendó vivir en un sitio con playa para aliviar los dolores físicos y los síntomas de sus enfermedades. Ella fue sometida a una cirugía y salió bien; él tiene la presión alta.

El comentario entre parientes fue el mismo durante una reunión de despedida antes del viaje: ¿se van a nivel del mar para evitar descompensaciones en la tensión arterial? La respuesta me sorprendió al saber que la receta médica es mirar hacia el mar, hacer caminatas donde haya vegetación, donde se puedan ver las aves. Y forzosamente deben ver los atardeceres, o los amaneceres, según les quede bien cada día.

La explicación suena muy bien: hacer contacto con los colores, los movimientos y el ambiente de la naturaleza, sobre todo en sitios hermosos, hace que la sensación que entra por todos los sentidos, pero sobre todo por los ojos, impulsa el mecanismo mental que activa los procesos de sanación. De hecho, experimentos científicos han puesto a prueba esta hipótesis y hay libros que hablan de cómo diseñar los hospitales para que los pacientes puedan observar un diseño de plantas, aves y flores, al menos. Y ese es el camino del bienestar físico y la felicidad.

Playa, montaña, desierto, llanuras verdes… cualquiera que sea el panorama, será benéfico para la convalecencia de operaciones o la cura de enfermedades. Eso dicen los expertos. Ya les platicaré cómo les va a mis tíos en su estancia cerca del aire de la bahía.