Por Vicente L. Avendaño Fernández

670x400_0007_Post.125.1-VivirNP-300x179Los saludo amigos lectores, les manifiesto mi alegría por tener la oportunidad de escribir para ustedes, labor que hoy comienzo con mucho ánimo.

Alguna vez se han preguntado: ¿Hay alguna fórmula, secreto o camino definido que nos pueda ayudar a alcanzar una felicidad plena? Seguramente que sí, sin embargo y pese al gran número de intentos por seguir un rumbo específico, debemos asimilar que no existe tal dirección debido a que el ser feliz es algo eminentemente subjetivo e imposible de determinar racionalmente.

Actualmente nos encontramos con un sinfín de personas que promocionan diversas ideologías, inclusive productos, que llevan a alcanzar en propósito señalado, lo cual podría resultar válido si los individuos fueran conscientes de los contenidos que comprarán o asimilarán.

Esto da como resultado que florezcan esa especie de doctrinas que tratan de dar una verdad reservada o misterio descubierto, al estilo de la búsqueda de la piedra filosofal o la fuente de la juventud; esto da como resultado ideas que no resisten la crítica seria o un análisis metodológico pero que son muy populares.

Actualmente vivimos en una sociedad poco reflexiva y mercantilista, en la que la madre de todas las ciencias ha dejado de tener cabida para la mayoría. Tomo la idea del filósofo español José Antonio Marina en el sentido de que la filosofía debería ser actualmente un servicio público debido a la gran utilidad que tiene para todo ser humano contestarse las preguntas fundamentales que todos nos hemos hecho alguna vez. La ciencia que trato en esta editorial generalmente está compuesta de tres partes fundamentales: axiología, epistemología y ontología; ciencias que consisten en la teoría de los valores, del conocimiento y del ser respectivamente.

Al analizar los textos de los filósofos auténticos nos encontramos con profundas reflexiones que nos pueden hacer tener una conciencia para sí de uno mismo y del entorno, situación que nos puede acercar a la sabiduría y alejarnos de la ignorancia, y por ende, del miedo.

Quiero señalar que no hay una filosofía perfecta que se pueda considerar como un parámetro indiscutible a seguir, porque eso iría en contra de ella misma. Cada quien tiene derecho a asumir lo que más le convenga mientras no se afecten derechos de terceros, lejos de esquemas rígidos que tratan de encerrar a la realidad en esquemas geométricos.

También hay que señalar que no se debe confundir a la filosofía con la religión, ya que la segunda es la negación de la primera debido a que en ella ya no hay qué discutir porque todo está establecido. En esto me quedo con la idea de Albert Camus, quien dice que la fe debe ser o no ser profesada en función de la felicidad que provoque.

También hay que decir que hay gente que después de filosofar mucho no encuentra sentido a su vida y termina con su existencia, pero en general, considero que acercarnos a los grandes autores siempre será algo benéfico y nos ayudará a ser tolerantes y respetuosos de nuestros semejantes, situación siempre positiva para la humanidad.

Dudas o comentarios vicente_leopoldo@hotmail.com