La noche del año nuevo siempre es objeto de diversos rituales sobre los que gira esta fecha; como es tradición, se realizan una serie de acciones que tratan de animar o empapar de suerte, buena vibra o una simple superstición positiva los próximos 12 meses.

El 2015 fue difícil para muchos mexicanos, sin embargo, no porque se acabe terminarán las cosas negativas; es decir, no hay que esperar virajes positivos porque el calendario marque algo en determinado, sino porque nosotros mismos sepamos abrir o cerrar ciclos.

Las supersticiones de comer uvas o aventar granos tienen cierta relación con el mito del fin del mundo por lo siguiente: en diversas etapas de la humanidad ha habido un hartazgo en cuanto a la situación que se vive, así como sucede hoy, y es precisamente que a partir de eso se trata de encontrar una renovación en la que se destruya todo lo anterior. Ése es el verdadero fundamento de las historias que afirman que el planeta colapsará, más que las profecías mayas u otro relato similar. También esto funciona en política, cuando un candidato se erige como un salvador que dejará atrás un sexenio o un trienio.

Como lo señale renglones atrás, lo importante en la vida de un ser humano es saber cuándo es el momento de dejar atrás algo y tomar lo que sigue, como sucede muy frecuentemente en las relaciones afectivas o en una actividad laboral. Hay ocasiones en las que ya no hay futuro con una persona, pero aun así existe una necedad de continuar en ello; también tenemos a quien labora en un lado y no puede alcanzar mayores posiciones, por lo cual debe cerrar ese círculo y tratar de abrir otro.

Cuando hablamos de ciudades, mencionamos el término “techo histórico”, el cual hace alusión de que ya se llegó a un punto máximo de crecimiento, imposible de superar. De ese modo también los noviazgos, matrimonios y ocupaciones llegan a ese límite y hay que saber decir adiós.

La vida es de ciclos, buena parte de la felicidad está en saber cerrarlos y abrirlos a tiempo, con base en la reflexión y la voluntad, tratando de ser lo más asertivo posible y asumiendo el mérito o la culpa de las acciones de forma personal. Respeto las creencias de todos, pero pienso que es muy cuestionable el esperar que un dios diseñe el destino de alguien o sea a quien haya que agradecerle o reprocharle una vivencia en específico.

Dice el filósofo argentino Pablo Feinmann que: en un mundo donde el silencio de dios es agobiante, los seres humanos tenemos la obligación de tomar la palabra, frase que nos lleva al auténtico humanismo, el que consiste en aceptar las diferencias entre las personas y no encasillarlas en esquemas rígidos basados en profesiones de fe.
En la noche de año nuevo hay que estar con la familia, más allá de las creencias religiosas o supersticiones, ése es un buen día para fomentar la armonía, la concordia y la paz, elementos que indudablemente hacen mucha falta en nuestro país y nuestro planeta.

No importa qué día sea, mientras alguien quiera empezar a hacer algo por ser mejor, no dejemos a la suerte nuestro futuro porque éste es una construcción que vamos realizando permanentemente.
Les agradezco que me hayan leído durante el 2015, esperando que este nuevo año cuente con su amable atención, deseando que todos sigamos en la lucha por alcanzar la felicidad. Hasta la próxima.

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