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Cerrar e iniciar ciclos, es una forma de saber administrar el tiempo y sincronizar nuestras vidas.

Tiempo, esa palabra a la que en ocasiones le damos demasiada importancia, al grado de que controla totalmente nuestras vidas y entonces surge el mal del siglo: stress.

No quiero decir con ello, que todo sea totalmente relajado y sin reglas, un plan u orden que nos permita lograr nuestras metas.

Sin embargo, es necesario –de vez en vez- relajarnos y tener muy claro que si en un momento dado no salió como lo planeado, pues en realidad no pasa nada, tal vez no era el momento y sólo hay que esperar para que las cosas se den en perfecto orden divino.

Otra consideración, es darle el orden de prioridad a nuestras actividades, en lo personal: Dios, familia y trabajo.

Ordenar nuestra vida, créanme que traerá las bendiciones que necesitamos.

En este sentido, hay que tomar lo bueno y lo mejor de las palabras, existe un dicho común que señala: “año de nones año de dones”, que significado podríamos darle en estos momentos, yo lo traduzco como la oportunidad de “crecer”.

Requerimos tener la conciencia de que contamos con más de 300 días para iniciar los procesos de renovación que deseamos realizar en nuestra vida interna y externa.

Fortalecer aquellas áreas en las que tenemos un potencial nato y tratar de transformar aquellas en las que existe una oportunidad de cambio para crecimiento personal, esto, es indispensable para lograr las metas propuestas.