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¿Quién duda del naufragio de la vida de las sociedades contemporáneas? La verdad es que muchos lo dudan, y aún más, ni siquiera es un tema que preocupe.

Tenemos muchos diagnósticos y soluciones. Nos hemos convertido en activistas indignados por todo lo que pasa en la sociedad, en teoría, claro. Al mismo tiempo, a decir del famoso filósofo Slavoj Zizek, nos parece más probable una invasión alienígena, que un cambio del sistema económico y social.

Dijo un famoso demente de principios del siglo XX, el famoso juez Schreber: “El dios muerto pesa más que el dios vivo, y del mismo modo, nos devora”

La herencia del universo positivista y el paradigma científico materialista, condenaron al reino del espíritu al ámbito de la superstición, y al reino psicológico profundo al rincón más apartado de la academia. Pero la realidad es que el abandono de la dimensión espiritual es la causa última de los males individuales y sociales actuales, desde las recurrentes crisis económicas, hasta la inseguridad y el terrorismo de las sociedades contemporáneas.

Como no podemos generar un consenso al hablar en el nivel del espíritu (pneumático), lo haremos desde el punto de vista de la psicología profunda.

En resumen, diremos que nadie puede vivir plenamente sin integrar a su vida arquetipos de pensamiento, sentimiento y conducta.

¿Quién determina cuáles son estos arquetipos? La tradición los contiene y los propone todos. “El hombre es un animal de costumbres” se decía anteriormente. Hoy es un animal de modas, y las modas son entornos poco propicios para que la totalidad de una persona pueda asentarse y dejarse crecer en un arquetipo.

El sacrificio, la fertilidad, la autoridad, la colectividad, los ciclos naturales y la creencia en la divinidad, son arquetipos que moldearon la evolución psicológica humana, garantizando su supervivencia. Hoy están todos en crisis, puestos en duda.

El mercado ha encontrado jugosas ganancias en orientar la psiqué humana fuera de ellos, generando la hecatombe civilizatoria que estamos viviendo. El poder de dominación que tienen estos antiarquetipos es tal, que, disfrazándose de progreso, buenas causas o bienestar total, condenan al consumidor a un círculo vicioso que lo sume en una espiral de insatisfacción, angustia, depresión, consumismo y falta de sentido, situación que, de manera perversa, nos venden como el bienestar de nuestros días.

Pero si tomamos consciencia de esto y nos atrevemos a vivir dentro de un arquetipo, comenzará la reestructuración de nuestra vida psíquica y podremos retomar el sentido de la vida.

¿Quién se anima?