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La inteligencia emocional (IE) es la capacidad que tiene una persona de manejar, entender, seleccionar y trabajar sus emociones; con eficiencia y generando resultados positivos.

La Inteligencia emocional, se compone de habilidades, que pueden estar o no desarrolladas. Lo importante es identificarlas y trabajarlas para crecer en ellas. Existen tres habilidades que al desarrollarlas, es posible conseguir un buen nivel de Inteligencia emocional. Con el tiempo podrán desarrollarse más de ellas.

Características

– El autoconocimiento y autocontrol de las emociones.

Una persona que se enoja rápidamente, que se pone triste con frecuencia o que no controla sus impulsos, no manifiesta un buen nivel de IE, El enojo es una emoción negativa que se alimenta a sí misma en respuesta a alguna amenaza percibida contra nuestra persona, ya sea amenaza de tipo físico o emocional. Nos coloca en un círculo vicioso ya que a medida que más lo pensamos mayor es la razón que creemos tener en sentirnos así; anulando toda razón y provocando en nosotros las respuestas más primitivas en nuestro cerebro.

Por otra parte la tristeza se manifiesta de manera similar, si nos sentimos tristes, tendemos a buscar soledad en esos momentos, cuando en realidad es lo que menos necesitamos. La soledad solo nos hará sentirnos más vacíos y tristes.

Aquí es donde la IE hace su trabajo, para romper con los círculos en ambos casos y permitirnos salir de esas emociones y cambiar nuestros estados de ánimo para bien nuestro.

El Dr. Dolf Zillman, psicólogo de la Universidad de Alabama, dice que en el caso del enojo es posible romper el círculo cambiando nuestro foco de atención con alguna otra actividad diferente, como salir a caminar, leer un libro, etc. Si logramos romper el círculo, el enojo se disipará y la razón volverá a nosotros. Lo mismo pasa en el caso de la tristeza, la terapia ocupacional es lo mejor para levantar el ánimo. Utilizar nuestra curiosidad y explorar nuestras capacidades, nos hará cambiar de estado de ánimo con mayor facilidad.

Si nosotros hacemos uso de estas estrategias cuando comenzamos a sentir enojo o tristeza, estamos utilizando y a la vez desarrollando nuestra Inteligencia Emocional.

– El entusiasmo y pasión por la vida

La habilidad del individuo para manejar las emociones es un predictor del éxito en la vida de esa persona. Nuestras emociones pueden afectar nuestra capacidad para pensar, planear, concentrarnos, tomar decisiones, etc.

De modo que la carga emocional de las personas, junto con sus habilidades para manejarlas, definen el éxito en el futuro de cada quién.

Canalizar las emociones hacia un fin más productivo resulta ser una gran aptitud. Ya sea controlar los impulsos, de demorar la gratificación, de regular los estados de ánimo para facilitar el pensamiento y la reflexión, de motivarse a uno mismo para perseverar y hacer frente a los contratiempos, de asumir una actitud optimista frente al futuro, todo ello parece demostrar el gran poder de las emociones como guías que determinan la eficacia de nuestros esfuerzos.

– La empatía

“La palabra empatía proviene del griego empatheia, que significa “sentir dentro”, y denota la capacidad de percibir la experiencia subjetiva de otra persona”. Diversos estudios han permitido identificar esta habilidad desde edades muy tempranas, como en los bebés, que se ven afectados por el llanto de otro bebé, o niños que comparten sus juguetes cuando ven a otro niño llorar.

La capacidad de poder sentir las mismas emociones que otro, nos abre la puerta a la comunicación con las demás personas, realizando con ello una conexión especial. Si a esto le sumamos la habilidad de controlar nuestras emociones, resulta altamente inteligente emocionalmente el desempeño de dicha persona.

La inteligencia emocional no es un mito, es una capacidad humana que podemos y debemos desarrollar. En la medida que lo hagamos seremos personas más felices en armonía con el entorno.