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El bienestar subjetivo es un concepto estudiado por diversos autores respecto a lo que un ser humano puede sentir acerca de sus condiciones personales. Dentro de los diversos conceptos encontramos al holandés Ruut Veenhoven, quien lo define como el balance global que las personas hacen de sus oportunidades vitales, del curso de los acontecimientos que enfrentan y la experiencia emocional derivada de ello.

En este sentido, vemos un conjunto de elementos que pueden ser apreciados como más satisfactorios por un individuo, recordando siempre que la felicidad es eminentemente subjetiva y varía muchísimo.

Ahora bien, respecto al inicio de la estación de las flores, debemos recordar que la fertilidad está a la vista del entorno mediante imágenes que muestran una vitalidad más intensa, situación que nos remonta a la época en la que un paisaje verde indicaba la posibilidad de tener alimentos provenientes de la tierra, algo que está inscrito en nuestro inconsciente colectivo y que era digno de celebrarse, ya que no era común comer a diario hace milenios. En alusión a eso, tenemos a algunas especies que hibernan con la intención de despertarse en esta época y alimentarse, como es el caso de los osos.

La primavera es una especie de despertar de una noche, en donde se deja atrás un clima adverso y se goza de una calidez apreciada por un ciudadano de cualquier nacionalidad, prueba de ello son los millones de turistas que prefieren ir a la playa que a una montaña nevada.

También hay que señalar que, según un estudio de la Universidad Médica de Graz, Austria, el aumento de las horas de luz incentiva la producción de vitamina D y con ello la testosterona de los varones; así como también la secreción de endorfinas, ambos elementos que estimulan a las personas en cuanto a la sexualidad y quizá a la sensualidad, fuente del prístino placer físico y una enorme satisfacción emocional.

La capacidad de la reproducción humana es algo muy valorado no sólo por significar la preservación de la especie, sino porque filosóficamente refiere a dar un sentido de continuidad de la humanidad, con lo cual se seguirán tratando de solventar las grandes interrogantes que a todos se nos aparecen de vez en cuando: ¿Quién soy? ¿Qué debo hacer? ¿En qué debo creer? Preguntas que se seguirán haciendo los humanos siempre y cuyas respuestas, aun siendo temporales, dan un sentido a la existencia, elemento fundamental del bienestar subjetivo.

La primavera nos remite a los conceptos mencionados de la preservación de la especie, la cual es parte de una filantropía que nos debe ayudar a valorarnos y alcanzar la felicidad, no porque el ser humano se quiera sentir el elemento máximo de la naturaleza, o menos todavía sentirse una divinidad, sino como parte de un esfuerzo milenario por trascender a través de manifestaciones maravillosas como los versos de Octavio Paz o el legado legislativo de don Benito Juárez, en alusión a que el 21 de marzo también es el Día Internacional de la Poesía y el natalicio del Benemérito de las Américas.

 

Este inicio de primavera, bien vale la pena salir a sentir el clima, y asumir que lo maravilloso de un paisaje fértil quizá no parte de un dios creador, sino de un conjunto de condiciones sumamente extraordinarias que dieron origen al planeta en que vivimos y, dentro de estas, el surgimiento de nuestra especie y la circunstancia afortunadisima de existir en forma particular, asumiendo una felicidad originada por lo que naturalmente representa esta estación y el balance de satisfacción que generalmente es mejor cuando los pastos rebosantes son bañados por un el astro rey. Por todo lo anterior, considero que la primavera puede contribuir al bienestar subjetivo, amén de la fuerza interior y la voluntad de ser mejor y ser feliz, elementos muy importantes para alcanzar la felicidad, inclusive en la adversidad.

Vicente Leopoldo Avendaño Fernández

vicente_leopoldo@hotmail.com; @vicente_aven.