Old Age

Old Age

              A raíz del trauma civilizatorio de la segunda guerra mundial, se agigantó un complejo de culpa en la cultura. Desde entonces, esa culpa ha venido generando cambios en la consciencia social. En un principio fueron las consignas pacifistas, luego vino la sospecha contra toda forma de autoritarismo, las mil formas de activismo, desde “save de whales” y Greenpeace, pasando por el veganismo, hasta la cultura de lo gluten free, lo orgánico y lo antitaurino. Se trataba, en el fondo, de asegurar que el horror del Gulag y de Auschwitz no se repitiera nunca. Hasta aquí todo bien. El asunto delicado, es que en esta vorágine de asegurar la paz y la no violencia, todos estos activismos se han convertido en los nuevos fascismos. De este modo, la idelogía new age, en un principio contestataria, se convirtió en un peligroso old age reaccionario e intolerante con todo lo que no se adhiera a sus consignas. Y, en una palabra, lo que no se adhiere a ellos es la tradición. Hoy vivimos el imperio de la simulación, llamada “discurso políticamente correcto”. Hoy es intolerable no mostrarse de acuerdo con lo que estos discursos imponen. La pena es el escarnio, el linchamiento, la mofa o la exclusión. Hay al menos dos fenómenos muy negativos de esta “old age”: 1.- La adaptación al sistema.- La feroz competencia del capitalismo contemporáneo tiene como su centro a la violencia y la deshumanización, pero de un modo increíblemente hábil, su propio funcionamiento nos ha vendido –literalmente- la idea, de que vivimos una era de florecimiento espiritual. De este modo,...
Volvamos a los arquetipos

Volvamos a los arquetipos

  ¿Quién duda del naufragio de la vida de las sociedades contemporáneas? La verdad es que muchos lo dudan, y aún más, ni siquiera es un tema que preocupe. Tenemos muchos diagnósticos y soluciones. Nos hemos convertido en activistas indignados por todo lo que pasa en la sociedad, en teoría, claro. Al mismo tiempo, a decir del famoso filósofo Slavoj Zizek, nos parece más probable una invasión alienígena, que un cambio del sistema económico y social. Dijo un famoso demente de principios del siglo XX, el famoso juez Schreber: “El dios muerto pesa más que el dios vivo, y del mismo modo, nos devora” La herencia del universo positivista y el paradigma científico materialista, condenaron al reino del espíritu al ámbito de la superstición, y al reino psicológico profundo al rincón más apartado de la academia. Pero la realidad es que el abandono de la dimensión espiritual es la causa última de los males individuales y sociales actuales, desde las recurrentes crisis económicas, hasta la inseguridad y el terrorismo de las sociedades contemporáneas. Como no podemos generar un consenso al hablar en el nivel del espíritu (pneumático), lo haremos desde el punto de vista de la psicología profunda. En resumen, diremos que nadie puede vivir plenamente sin integrar a su vida arquetipos de pensamiento, sentimiento y conducta. ¿Quién determina cuáles son estos arquetipos? La tradición los contiene y los propone todos. “El hombre es un animal de costumbres” se decía anteriormente. Hoy es un animal de modas, y las modas son entornos poco propicios para que la totalidad de una persona pueda asentarse y dejarse crecer en un arquetipo....
Aprender a oír

Aprender a oír

    ¿Cómo reaprender a oír en un entorno donde estamos oyendo constantemente? Hasta hace apenas 120 años, aproximadamente, si una persona quería oír algo de música, debía necesariamente o bien, interpretarla él mismo, o asistir a una sala de conciertos a escuchar la música en vivo. Hoy es completamente diferente. Estamos saturados de sonidos musicales todo el tiempo y en todas partes; desde la cama al baño, desde el elevador al automóvil. Esto ha atrofiado nuestra capacidad de escuchar y por tanto, nuestra capacidad de asombrarnos. Todos los campos de estudio del cuadrivium –música, astronomía, aritmética, geometría- propician el asombro, pero lo hemos perdido a causa de la técnica que todo lo banaliza. Hoy ya pocos se pasman ante el firmamento estrellado y sus relaciones perfectas, ante lo sublime de una comprobación matemática, ante el misterio de Pi o tantos otros de la geometría. En música la situación no es menos precaria. Quedaron atrás los años en que la cultura produjo hombres como Scriabin, Liszt o Beethoven, cuyo objetivo último era, ni más ni menos, que iluminar a la humanidad. Hoy pocos se asombran ante una fuga de Bach, la “Eroica” de Beethoven, la última sonata para piano de Schubert o la “Noche Transfigurada” de Schönberg. Se debe a que su fulgor se ha perdido entre tantos ruidos y murmullos. ¿Qué hacer para recuperar el asombro a través de la música? He aquí algunos consejos 1.- Oír repetidamente una obra maestra 2.- Conocer un poco del contexto o de las proezas técnicas de la composición o ejecución 3.- Oír como meditar, es decir, con atención plena y dejando...
La represión y agresión

La represión y agresión

El malestar en la cultura en la perspectiva de Freud, consiste en el incremento de culpas y de represiones de la libido en su aspecto sexual y agresivo, como consecuencia de un mayor grado de “civilización”. Un efecto boomerang, por llamarlo así. El entorno actual es un peculiar laberinto en este aspecto, que a primera vista parece insalvable. Veamos las consecuencias agresivas de una mayor exigencia civilizatoria represiva y culpabilizante:   El panorama es preocupante. La razón nos dicta afanes civilizatorios, pero al mismo tiempo, elimina los rituales de catarsis que dan cauce a la violencia de manera controlada. Lo más preocupante es que este nuevo modelo de sociedad, basada en la información inmediata y en la sustitución del razonamiento por el poder de la imagen, ha demostrado tener una capacidad increíble de invisibilizar el problema verdadero, viralizándose a sí mismo, condenando a los que atinan a ver la raíz del problema a la exclusión y al ostracismo. ¿Cómo podemos aspirar a la plenificación axiológica de nuestra civilización, sin destruirnos? En primer lugar, aceptando lo que Jung denominó “la sombra” que habita nuestro ser como especie. En segundo lugar, haciendo visible esa sombra y dándole espacio de expresión ritualizada tal como siempre se ha hecho. Si sencillamente la ocultamos con el barniz del lenguaje correcto, lo único que provocaremos es que en el momento menos pensado, esas fuerzas cobren vida propia y se hagan en contra nuestra. La misión es ser conscientes de nuestros arquetipos colectivos y sin negarlos ni ocultarlos, conducirlos hasta su catarsis, explosión creativa o desvanecimiento de sus irrupciones sorpresivas. El riesgo de no hacerlo es...
La crisis de los 40

La crisis de los 40

En la entrega anterior detallamos algunas causas sociales de la insatisfacción de los individuos: mezquindad, infantilismo, preponderancia del principio de placer, etc. Presenciamos generaciones de adolescentes intolerantes a la frustración y adultos frustrados incapaces de encontrar un sentido que les proporcione plenitud. Aunada a esta problemática de nuestros tiempos, se suma una vieja herida de la especie, la que hoy llamamos, la crisis de los 40´s. Según Jung, los años anteriores a la cuarta década, los empleamos para –dicho en términos modernos-, “comernos el mundo”, y a partir de entonces, el arquetipo deja de orientarse hacia la materia y llena arcas en el espíritu. En una palabra, nos vamos preparando para la muerte. De manera que a partir de entonces, y no sin atravesar un periodo de desazón, nos volvemos más sensibles al sufrimiento, más conservadores, más sencillos y más contemplativos. El problema es que, como pasa en la posmodernidad, nuestra cultura carece de ritos de paso para atravesar el umbral y convertirnos de fértiles cazadores en sabios chamanes. Ante el extravío, la libido de los individuos –hombres y mujeres- los transforman en remedos patéticos de su primera juventud y en personas obsesionadas por la conservación de su estatus como objeto de deseo. Chavorucos, ninis canosos, hipsters tatuados y rapados, femme fatales con botox y cirugías, runners, etc., son ejemplos de individuos de los 35 a los 50 que no atinaron a encontrar su propio rito de paso hacia la sabiduría de la contemplación de la propia finitud. El objetivo es encontrar nuevamente un sentido que aglutine esta nueva orientación libidinal, y que otorgue dignidad a la disminución de...