Desapego = crecimiento

Desapego = crecimiento

El desapego –en palabras sencillas- es soltar, dejar ir y seguir adelante. Esto tiene un grado de dificultad mayor si no estás acostumbrado a soltar y sí a vivir amarrado a una situación, persona o sensación que solo te está llevando a lo negativo. ¿Cómo verlo positivamente? La situación ya está ahí, ya surgió, ya estás dentro ¿Te agrada? Si la respuesta es sí, adelante no hay nada que comentar, solo desearte que sigas en ese mood. Si la respuesta es la contraria; es decir, no hay que trabajar varios aspectos: Imagina cómo te sentirías si soltaras ese momento ¿Se siente bien? Entonces asume cómo sería si fuera una realidad. ¿Los demás te reclaman si sueltas lo que ellos te dieron para cargar? ¿Eso te hace sentir mal? Quizá ellos sí puedan cargar con eso, lo cual no significa que tú también. Hay quienes dicen: “Es la cruz que me tocó cargar”. ¿Quieres hacer lo mismo? ¡Ojo! Si lo vas hacer –como señalé en otra aportación- no se vale quejarse. Si te sientes mal haciendo lo que otros te han dado como “tarea” es hora de soltar y volar por tu cuenta. ¿Los demás se alejan si no haces lo que ellos te dicen? Suéltalos, gente que te condiciona es tóxica, dañina e impide tu crecimiento. El desapego incluye el perdón ¿Sabes? Hay gente que así aprendió a vivir, no conocen más y que intentar cambiar les puede provocar un corto circuito. Ponernos en sus zapatos es ser empático; sin embargo, no olvides que es diferente a justificar ¡No podemos darnos el lujo de hacerlo! Seamos empáticos, no pongamos...
Dar al otro

Dar al otro

Dar al otro Por Dalia Montoya Hernández Nos encontramos en diciembre, época en la que muchos se sienten inspirados en festejar, otros en dar y otros tantos en la añoranza. ¿En cuál estás? En la que sea, lo importante es sentir que se están cerrando ciclos, saber que alguien está con cada uno. Sin embargo, recordemos que hay gente sola en el mundo, gente con frío y hambre, personas que desean algo –lo que sea- que pueda reconfortarlos. Si nosotros fuéramos ellos quisiéramos que alguien nos volteara a ver. En estas fechas ¿Qué haces por el otro? No se trata de colocarse en riesgo y meterse en lugares que te expongan, quizá se trata de donar: ropa, comida, algo en buen estado que puedas compartir con quienes menos tienen. Podrías tirar tu ropa o venderla, es tu decisión ¿Cuánto te pueden dar? No recuperarás lo que invertiste, eso es un hecho. En cambio podrías hacer feliz a otra persona, podrías cubrirla ante este frío ¡En ocasiones inclemente! No estamos tratando de cambiar costumbres, sino de crear hábitos que nos lleven a un bienestar integral. Si cada uno pone de su parte, si cada uno pone un grano de arena podremos generar grandes construcciones; no será mañana pero sucederá. ¿Cómo planeas dar una palmada en la espalda de los otros en esta Navidad y Fin de año? ¡Tú...
La falsa autoestima ¿Un mal del consumismo?

La falsa autoestima ¿Un mal del consumismo?

La falsa autoestima ¿Un mal del consumismo? Por Dalia Montoya Hernández La autoestima, como su nombre lo dice, es la consideración que se tiene de sí mismo, es cómo nos vemos desde dentro hacia afuera. Se construye desde casa, los padres tienen un papel definitivo en ella y se refuerza con los entornos en los que cada persona se desenvuelve. La autoestima va empujando las decisiones más próximas del ser humano, da seguridad y motivación intrínseca. Sin embargo, en los modelos de consumo de la actualidad se piensa que autoestima va ligada a cuánto se tiene materialmente, al lugar en el que se vive, en fin, se considera –en ocasiones- que tiene que ver con todo lo exterior. La realidad es que nada llena a quien piensa que el exterior manda, siempre habrá necesidad de buscar más, de sentir que falta una palabra o expresión de apoyo de los demás dejando a un lado al interior. Cada uno conoce sus fortalezas y debilidades, ambas construyen al ser humano y le dan enfoque; siempre y cuando no exista temor en hacerlo. ¿A qué nos referimos con temor? A querer verse, no debe ser ominoso, sino gratificante ¿Qué tan malo se puede tener? Los medios de comunicación bombardean con información acerca de lo que se debe tener para alcanzar la felicidad, aunado a que otros pueden decir: “compra algo bueno, en tal zona”, pareciera que a todas luces la débil autoestima habla. No se trata de satanizar a los medios, ellos no obligan a nada, cada uno decide. ¿Será mejor aceptar lo que se tiene, establecer metas y alcanzarlas por lo...
El poder de la palabra

El poder de la palabra

El poder de la palabra Por Dalia Montoya Hernández Cuando somos niños decimos y hacemos cosas que nuestros padres, profesores y demás entornos nos van corrigiendo, si fuera el caso. Aprendemos que debemos respetar y que todo lo hecho, dicho o pensado puede traer consecuencias; esto cuando conocemos los límites. Sin embargo ¿Qué sucede cuando no se corrige a un niño o adolescente? Se crece pensando que se puede hacer lo primero que llegue a nuestras mentes, el impulso comienza a gobernar. Conforme va pasando el tiempo, el adulto se puede dar cuenta o no que algo sucede y que en ocasiones tiene problemas por lo que dice, quizá le interese o no. Cada ser humano es diferente, es una situación que todos debemos aceptar y tolerar; lo que está en nuestro control –solo en cada uno- es decidir si se aguantan palabras hirientes o que provoquen malestar. Está en cada uno decir: “Me voy, me molesta, no me agrada”. Lo podemos comentar o simplemente retirarnos, es parte de lo que cada uno deberá reflexionar, nada ni nadie obliga a estar con personas que provoquen incomodidad. La palabra es como un bisturí, provoca cortes y heridas, pueden ser permanentes. De ahí la importancia de tratar a nuestros niños y adolescentes como piedras preciosas que se están moldeando, no es recomendable permitir palabras que sobajen la autoestima de los demás; de lo contrario, pueden crecer pensando que es permitido ¿Cómo deseamos a los futuros adultos? ¿Queremos que crezcan en un entorno afectivo, sano y con límites? Cada uno decide, solo la consciencia de ello hará la...
El arte de la paciencia

El arte de la paciencia

El arte de la paciencia Por Dalia Montoya Hernández ¡Paciencia, ten paciencia! Muchas veces hemos escuchado y leído esas palabras. Sin embargo, no siempre estamos dispuestos a que se nos diga; pareciera que en ocasiones no es el momento de pronunciarlo. Si bien requerimos que alguien más nos límite en situaciones de tensión, podríamos provocar mayor enojo en el otro. Ante ello podríamos optar por otros caminos para lograr que los demás no reaccionen de más o se perjudiquen. ¿Cómo conservar la calma o regresar a ella? ¿Cómo regresar a la consciencia depara no alterarnos más? Eso depende de cada uno, aunque podemos reconocer algunas alertas que nos señalen hacia dónde vamos: Sensación de que todo molesta Intolerancia Respiración más rápida Agresividad al entorno Ver todo negativo Ganas de gritar Lo ideal será recordar que nadie tiene el derecho a quitar la tranquilidad, al mismo tiempo que nosotros somos los que les damos ese poder. Nadie nos obliga a regalárselas, somos nosotros los que les damos la oportunidad. Por lo tanto, podríamos recordar esta guía para regresar al estado de tranquilidad: Respirar profundamente Si puedes posponer hazlo, resuelve cuando te sientas mejor Si debes resolver al momento o casi de inmediato trata de recordar que ganas más si resuelves con la cabeza fría Las revanchas no llevan a ninguna parte positiva Te mereces lo mejor, te mereces estar bien. Claro está, si consideras que ya no puedes controlarlo debes acudir por otro tipo de apoyo, acude con un experto que te pueda ayudar personalmente. La tranquilidad es aquello que todos necesitamos para funcionar sanamente....