Amistad


 

¿Es legítima la felicidad que se siente al ver el dolor ajeno?

Como siempre lo he manifestado en esta editorial, la felicidad es subjetiva y depende de muchas cosas, tanto naturales como convencionales, sin embargo, el abanico es infinito y racionalmente inconocible, yo me quedo con la idea de que cada quien puede hacer lo que crea que le haga feliz, siempre y cuando no se atenten contra derechos de terceros y/o el orden público.

Gracias

Gracias.   Gracias a la vida por haberme dado la oportunidad de todo lo que mi percepción vio como malo para mi persona, esto es, absolutamente todo lo que determiné como traiciones a mi amistad o, el que la economía y trabajo -consuetudinariamente- me abandonen, que haya dormido en la calle o, quedado sin poder llevarme alimento a la boca; que no me hable o no me responda la gente que amo, y un largo etcétera, como el haber perdido mis empeños, y, con todo sigo teniendo fe y creo en todos ellos. Sí, gracias vida por calarme hasta la médula ósea, probando mis convicciones, como el no acercarme al delito o hacer daño a otro por verme en aparente beneficio… y no solo un largo etcétera si no que hoy aún es parte esa parte que me cala esto es, el eco de los gritos de la ignorancia propia y ajena pero muy propio el discernimiento. Todo lo que un poco antes del cierre de otro año me has dado –vida- en la oportunidad de probar, me ha abierto los ojos dándome cuenta de algo muy simple o sea, lo que siente mi prójimo, ese que no come con su familia o no puede alimentarse en algún restaurante, de ese que no le es posible dormir en una casa y no tiene hogar. Por ti -amada vida- generé esa capacidad para no enfermar pues moriría si lo hago, pues hoy los medicamentos solo son de acceso a quienes por cualquier medio tienen dinero, gracias vida por sentir que me acercabas a la loquera porque medí mi esperanza de...

Compartir, una maravillosa costumbre en Navidad

Compartir, una maravillosa costumbre en Navidad Por María Eugenia Mora Se acerca una fecha especial, sobre todo en el contexto occidental, la celebración de una festividad casi universal, La Navidad, época en la que tenemos oportunidad de reflexionar y en muchos de los casos hacer nuevos propósitos. Tal vez una luz invisible (energía) que rodea estas fechas, es la encargada de generar un ambiente de mayor cordialidad entre las personas –en muchos casos- se manifiesta un ambiente de templanza y de benignidad. Esto nos mueve a generar deseos de mayor bienestar, de amor y de paz. Es la ocasión ideal para resolver algún conflicto familiar o personal; para compartir con otras personas menos afortunadas parte de lo que tenemos y disfrutarlo juntos, en unión. Sea propicia esta reflexión para compartir el pan y la sal con nuestros seres queridos, pero también con nuestros hermanos que no tienen que llevarse a la boca, con los niños desamparados en algún orfanatorio, con nuestros ancianos en los asilos, con quienes están privados de su libertad y sus familias los han olvidado; en fin, con aquella persona que tal vez viva al lado tuyo y necesite un tiempo de afecto. Nada perdemos con iniciar esta maravillosa costumbre de Navidad: compartir, además de una sonrisa, una palmada, un abrazo, la esperanza de que vendrá un mundo mejor, más equilibrado, en el que no nos duela compartir y que nos lleve a experimentar una nueva forma de comprender el mundo. En esta ocasión, no caben los pensamientos negativos, porque habrá quien señale que está la parte contraria, tristeza, añoranza y melancolía, precisamente nosotros tenemos la...