Amistad


 

¿Es legítima la felicidad que se siente al ver el dolor ajeno?

Como siempre lo he manifestado en esta editorial, la felicidad es subjetiva y depende de muchas cosas, tanto naturales como convencionales, sin embargo, el abanico es infinito y racionalmente inconocible, yo me quedo con la idea de que cada quien puede hacer lo que crea que le haga feliz, siempre y cuando no se atenten contra derechos de terceros y/o el orden público.

Gracias

Gracias.   Gracias a la vida por haberme dado la oportunidad de todo lo que mi percepción vio como malo para mi persona, esto es, absolutamente todo lo que determiné como traiciones a mi amistad o, el que la economía y trabajo -consuetudinariamente- me abandonen, que haya dormido en la calle o, quedado sin poder llevarme alimento a la boca; que no me hable o no me responda la gente que amo, y un largo etcétera, como el haber perdido mis empeños, y, con todo sigo teniendo fe y creo en todos ellos. Sí, gracias vida por calarme hasta la médula ósea, probando mis convicciones, como el no acercarme al delito o hacer daño a otro por verme en aparente beneficio… y no solo un largo etcétera si no que hoy aún es parte esa parte que me cala esto es, el eco de los gritos de la ignorancia propia y ajena pero muy propio el discernimiento. Todo lo que un poco antes del cierre de otro año me has dado –vida- en la oportunidad de probar, me ha abierto los ojos dándome cuenta de algo muy simple o sea, lo que siente mi prójimo, ese que no come con su familia o no puede alimentarse en algún restaurante, de ese que no le es posible dormir en una casa y no tiene hogar. Por ti -amada vida- generé esa capacidad para no enfermar pues moriría si lo hago, pues hoy los medicamentos solo son de acceso a quienes por cualquier medio tienen dinero, gracias vida por sentir que me acercabas a la loquera porque medí mi esperanza de...