HOY ES EL DÍA….

HOY ES EL DÍA….

Por María Eugenia Mora Dadas las circunstancias que actualmente vivimos, mantenernos en una actitud reflexiva, positiva y con un deseo genuino por cambiar las cosas, para la mayoría resulta harto difícil. Sólo basta con abrir las páginas de la internet, la televisión o escuchar la radio y los periódicos y en verdad el corazón, el estomago y todo nuestro ser, se contrae, no sólo de dolor, sino de impotencia y rabia. Igual que ustedes, me hago todos los días una sólo pregunta: ¿Cuándo van a cambiar las cosas? Inmediatamente me respondo. ¿Qué estoy haciendo para cambiarlas?, para lograr que mi congénere, el otro, los otros tengan -cada día- un poco más de humildad, humanidad y realicen su trabajo con entrega, alegría, ya no digamos con amor, por lo menos con respeto hacia los demás. La primera pregunta es: ¿sinceramente deseamos que las cosas cambien? Según el diccionario la sinceridad es: “falta de fingimiento en las cosas que se dicen o en lo que se hace”. Y agregaría: ¿soy indiferente de lo que pasa en mi entorno? Por consiguiente, una primera lectura sería: dejemos de fingir en tal o cual acción, sin reservas hagamos retro-inspección con nosotros mismos, no caigamos el papel de juzgar lo que nosotros mismos avalamos o -más allá- hacemos para mantener el status o nuestra condición privilegiada, y es que no se trata de mandar a volar todo e ir en contra de las reglas del sistema, sino desde nuestra área de trabajo, actividad o acción, tratemos de dar lo mejor de nosotros, no por interés, sino porque al final del camino tendremos el cerebro, el...
¿El dinero el camino a la felicidad?

¿El dinero el camino a la felicidad?

En el mundo en el que vivimos, donde al parecer el consumo es lo más importante, se ha promovido la idea que la felicidad sólo puede alcanzarse con dinero. A pesar de esto, la sabiduría popular dice que éste no da la felicidad y estudios científicos lo han demostrado, ya que si el dinero originara felicidad, no podrían existir pobres felices ni millonarios infelices, pero los hay. Si bien es cierto que para ser feliz lo ideal sería tener cubiertas tus necesidades básicas como vivienda, vestido y alimento, también se ha demostrado a nivel país que en aquellos donde el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita ha aumentado, sus índices de felicidad o bienestar subjetivo no lo han incrementado. Si nos preguntamos si el dinero nos hace felices, podríamos responder que eso depende de si tienes satisfechas las necesidades elementales de un ser humano y también de la forma en la que concibes tu realidad y lo que es más importante para ti. Te preguntamos: ¿el dinero es lo único que te hace...
El valor de las experiencias

El valor de las experiencias

A pesar de que muchos piensan que comprar cosas nos hace felices, la realidad es que ésta felicidad es momentánea y se ha encontrado que si deseamos experimentar una felicidad más duradera sería mejor invertir nuestro dinero en experiencias. ¿Por qué se dice esto? Porque Thomas Gilovich y Travis J. Carter, psicólogos de la Universidad de Cornell en Estados Unidos, realizaron una serie de estudios donde hallaron que somos más felices cuando salimos de vacaciones o realizamos actividades de disfrute (como volar en parapente o andar en bicicleta) que cuando adquirimos un auto o una tableta electrónica. Lo anterior se debe principalmente a que los seres humanos tendemos a adaptarnos con gran facilidad a los objetos, por lo que la satisfacción de adquirir algo tangible dura poco. Además, los objetos se pueden comparar, lo que trae consigo que podríamos pensar que adquirimos algo con “menor valor” que lo que adquieren nuestros amigos o conocidos, y tendría un impacto negativo en nuestra percepción de satisfacción. Por el contrario, si salimos al parque con la familia o amigos o realizamos alguna actividad recreativa, es mucho más difícil comparar nuestra experiencia con la de alguien más y al mismo tiempo, el recordar lo vivido nos puede llenar de profunda satisfacción y felicidad. Teniendo en mente que las experiencias nos hacen más felices que adquirir algún objeto, ¿qué te parece si este fin de semana en vez de salir de compras organizas un picnic en algún parque de tu...
Volvamos a los arquetipos

Volvamos a los arquetipos

  ¿Quién duda del naufragio de la vida de las sociedades contemporáneas? La verdad es que muchos lo dudan, y aún más, ni siquiera es un tema que preocupe. Tenemos muchos diagnósticos y soluciones. Nos hemos convertido en activistas indignados por todo lo que pasa en la sociedad, en teoría, claro. Al mismo tiempo, a decir del famoso filósofo Slavoj Zizek, nos parece más probable una invasión alienígena, que un cambio del sistema económico y social. Dijo un famoso demente de principios del siglo XX, el famoso juez Schreber: “El dios muerto pesa más que el dios vivo, y del mismo modo, nos devora” La herencia del universo positivista y el paradigma científico materialista, condenaron al reino del espíritu al ámbito de la superstición, y al reino psicológico profundo al rincón más apartado de la academia. Pero la realidad es que el abandono de la dimensión espiritual es la causa última de los males individuales y sociales actuales, desde las recurrentes crisis económicas, hasta la inseguridad y el terrorismo de las sociedades contemporáneas. Como no podemos generar un consenso al hablar en el nivel del espíritu (pneumático), lo haremos desde el punto de vista de la psicología profunda. En resumen, diremos que nadie puede vivir plenamente sin integrar a su vida arquetipos de pensamiento, sentimiento y conducta. ¿Quién determina cuáles son estos arquetipos? La tradición los contiene y los propone todos. “El hombre es un animal de costumbres” se decía anteriormente. Hoy es un animal de modas, y las modas son entornos poco propicios para que la totalidad de una persona pueda asentarse y dejarse crecer en un arquetipo....
Desapego = crecimiento

Desapego = crecimiento

El desapego –en palabras sencillas- es soltar, dejar ir y seguir adelante. Esto tiene un grado de dificultad mayor si no estás acostumbrado a soltar y sí a vivir amarrado a una situación, persona o sensación que solo te está llevando a lo negativo. ¿Cómo verlo positivamente? La situación ya está ahí, ya surgió, ya estás dentro ¿Te agrada? Si la respuesta es sí, adelante no hay nada que comentar, solo desearte que sigas en ese mood. Si la respuesta es la contraria; es decir, no hay que trabajar varios aspectos: Imagina cómo te sentirías si soltaras ese momento ¿Se siente bien? Entonces asume cómo sería si fuera una realidad. ¿Los demás te reclaman si sueltas lo que ellos te dieron para cargar? ¿Eso te hace sentir mal? Quizá ellos sí puedan cargar con eso, lo cual no significa que tú también. Hay quienes dicen: “Es la cruz que me tocó cargar”. ¿Quieres hacer lo mismo? ¡Ojo! Si lo vas hacer –como señalé en otra aportación- no se vale quejarse. Si te sientes mal haciendo lo que otros te han dado como “tarea” es hora de soltar y volar por tu cuenta. ¿Los demás se alejan si no haces lo que ellos te dicen? Suéltalos, gente que te condiciona es tóxica, dañina e impide tu crecimiento. El desapego incluye el perdón ¿Sabes? Hay gente que así aprendió a vivir, no conocen más y que intentar cambiar les puede provocar un corto circuito. Ponernos en sus zapatos es ser empático; sin embargo, no olvides que es diferente a justificar ¡No podemos darnos el lujo de hacerlo! Seamos empáticos, no pongamos...
Gracias

Gracias

Gracias.   Gracias a la vida por haberme dado la oportunidad de todo lo que mi percepción vio como malo para mi persona, esto es, absolutamente todo lo que determiné como traiciones a mi amistad o, el que la economía y trabajo -consuetudinariamente- me abandonen, que haya dormido en la calle o, quedado sin poder llevarme alimento a la boca; que no me hable o no me responda la gente que amo, y un largo etcétera, como el haber perdido mis empeños, y, con todo sigo teniendo fe y creo en todos ellos. Sí, gracias vida por calarme hasta la médula ósea, probando mis convicciones, como el no acercarme al delito o hacer daño a otro por verme en aparente beneficio… y no solo un largo etcétera si no que hoy aún es parte esa parte que me cala esto es, el eco de los gritos de la ignorancia propia y ajena pero muy propio el discernimiento. Todo lo que un poco antes del cierre de otro año me has dado –vida- en la oportunidad de probar, me ha abierto los ojos dándome cuenta de algo muy simple o sea, lo que siente mi prójimo, ese que no come con su familia o no puede alimentarse en algún restaurante, de ese que no le es posible dormir en una casa y no tiene hogar. Por ti -amada vida- generé esa capacidad para no enfermar pues moriría si lo hago, pues hoy los medicamentos solo son de acceso a quienes por cualquier medio tienen dinero, gracias vida por sentir que me acercabas a la loquera porque medí mi esperanza de...