Cinco buenos hábitos para iniciar bien el día

Cinco buenos hábitos para iniciar bien el día

El momento de levantarnos suele ser un momento determinante para muchos, puede crear el tono en el que encaremos el día. Te recomendamos cinco buenos hábitos que no requieren mucho tiempo y que marcan una gran diferencia en el resto del día: Meditación: Aclarar nuestra mente desde el principio del día nos da claridad y disciplina que se traduce en mejores pensamientos y más orden en nuestra vida y en el trabajo o escuela. Entre 10 o 20 minutos basta. Ejercicio: Desde ir al gimnasio, pasear a tu perro o dar una caminata por los alrededores de tu casa, es una gran forma de activar nuestra energía y revitalizar nuestro cuerpo y mente. Comer sano: Lo que metemos a nuestro cuerpo influye en cómo nos sentimos, cómo pensamos y cómo actuamos. Una alimentación sana, llena de frutas, verduras y proteína (lo más natural posible) nos da energía para empezar el día. Hacer lo que nos apasiona: Puede ser cantar durante cinco minutos en la regadera, escribir unos párrafos, leer, ver algo que nos haga reír o hacer algo que nos haga sentir vivos, nos sirve como recordatorio para saber de dónde venimos y hacia dónde vamos. Gratitud: Dar un espacio al comienzo del día para agradecer lo que tenemos, lo que somos, lo que hemos aprendido, la gente que nos rodea o el simple hecho de seguir vivos un día más. La gratitud es el lenguaje del corazón. Cinco hábitos que con el tiempo marcan una gran diferencia en nuestra calidad de...
¿Cómo cambia nuestra felicidad si la mente deambula?

¿Cómo cambia nuestra felicidad si la mente deambula?

De acuerdo con el científico Matt Killingsworth, de la Universidad de Harvard, una de las claves para sentirse más feliz, es estar presentes en lo que estamos haciendo, es decir mantenerse concentrado en esa actividad sin permitirle a nuestra mente deambular en otros pensamientos. 47% del tiempo estamos pensando sobre algo diferente de lo que estamos haciendo; un estudio demuestra que 65% de las personas son felices cuando tienen la cabeza en lo que están haciendo, a comparación de 57% de aquellas en las que su mente deambula. Concentrarnos en lo que estamos haciendo, nos hará más felices, incluso si lo que imaginamos es algo bueno o agradable. La mente no deambula                                         66% La mente deambula por ideas agradables           65% La mente deambula por ideas neutras                 58% La mente deambula por ideas negativas              43% % porcentaje de felicidad. Investigaciones Estar presentes en lo que hacemos también reduce el estrés, mejora la memoria y el rendimiento deportivo, aumenta la concentración, e incluso ayuda a dormir mejor. En un estudio publicado por la Universidad de Oxford en el 2013, se examinaron a 273 participantes, llegando a la conclusión de que un curso en línea de cuatro semanas y diez sesiones reducía la ansiedad en un 58%, la depresión en un 57% y el estrés en un 40% Sumado a estos resultados, 68% de médicos de cabecera pensaban en 2010, que sería útil o...
Dejar ir el estrés: No hay nada a qué aferrarse

Dejar ir el estrés: No hay nada a qué aferrarse

El estrés contribuye a problemas de salud, infelicidad, depresión, problemas de pareja, y mucho más. Siempre vamos a tener algo de estrés en nuestras vidas, pero ¿cómo podemos manejarlo? Por: Leo Babauta Encontrar la causa, y trabajar para resolver esa causa. En mi experiencia, he encontrado que la causa fundamental de la tensión es aferrarse a las cosas. Nos aferramos a la esperanza de que las cosas vayan como esperábamos o planeamos, y luego nos estresamos tratando de hacer que así suceda, o nos frustra cuando no lo logramos. El aferrarse a las cosas causa nuestro estrés y frustraciones. Entonces, ¿cómo podemos dejar de aferrarnos? Al darnos cuenta de que no hay nada a qué aferrarse. Que todo es cambiante, nada es permanente, todo evoluciona, al igual que nosotros mismos. Lo que podemos hacer hoy para detectar el estrés: Preguntarnos lo que nos está estresando hoy. Preguntarnos a qué nos estamos aferrando. Imaginemos que las causas que nos estresan no existen. ¿Cómo cambia esto las cosas? Te invitamos a conocer más sobre el autor en: http://zenhabits.net/ y puedes leer la versión original en...
El bienestar que generan las TIC en la evolución del hombre

El bienestar que generan las TIC en la evolución del hombre

El ser humano ha desarrollado su inteligencia en mayor medida que sus instintos, ello a pesar de provenir de antepasados cuya organización era inferior. Lo anterior es resultado —entre otras cosas— de su notable desarrollo del neocórtex respecto del resto de los primates. En este sentido, el desarrollo de esta “nueva corteza cerebral” fue producto de un complejo proceso evolutivo y social —en el que sin duda, intervino el trabajo como factor en la “transformación del mono en hombre”— así como también, un proceso intelectual que incluye el desarrollo de la capacidad simbólica, el desarrollo lingüístico, el pensamiento abstracto, la escritura, la expresión artística, etcétera. En dicho proceso, la “palabra” tuvo fuertes implicaciones epistemológicas. Primero, mediante el desarrollo de ideas-conceptos; y luego, mediante formas cada vez más complejas y abstractas como categorías científicas y filosóficas. De igual manera, existieron otras implicaciones que vale la pena señalar: el que la especie pudiera valerse de la experiencia acumulada del pasado; la toma de conciencia de sí mismo y de su entorno; la comprensión del mundo y de sí mismo, a través de métodos de investigación, ciencia, religiones, filosofía, etcétera; el lenguaje simbólico y la transmisión de símbolos orales, escritos y corporales; la capacidad de resolver los problemas antes de enfrentarse a ellos; poder pensar de manera crítica, lo que le ha permitido escoger y decidir, así como tener responsabilidades para consigo mismo y los demás. Ante estas implicaciones, es importante preguntarse ¿cuál será el resultado evolutivo del ser humano al supeditar su actividad intelectual al lenguaje icónico especialmente representado en los dispositivos móviles? Mi primera preocupación sería la implicación de lo...
Aprender a oír

Aprender a oír

    ¿Cómo reaprender a oír en un entorno donde estamos oyendo constantemente? Hasta hace apenas 120 años, aproximadamente, si una persona quería oír algo de música, debía necesariamente o bien, interpretarla él mismo, o asistir a una sala de conciertos a escuchar la música en vivo. Hoy es completamente diferente. Estamos saturados de sonidos musicales todo el tiempo y en todas partes; desde la cama al baño, desde el elevador al automóvil. Esto ha atrofiado nuestra capacidad de escuchar y por tanto, nuestra capacidad de asombrarnos. Todos los campos de estudio del cuadrivium –música, astronomía, aritmética, geometría- propician el asombro, pero lo hemos perdido a causa de la técnica que todo lo banaliza. Hoy ya pocos se pasman ante el firmamento estrellado y sus relaciones perfectas, ante lo sublime de una comprobación matemática, ante el misterio de Pi o tantos otros de la geometría. En música la situación no es menos precaria. Quedaron atrás los años en que la cultura produjo hombres como Scriabin, Liszt o Beethoven, cuyo objetivo último era, ni más ni menos, que iluminar a la humanidad. Hoy pocos se asombran ante una fuga de Bach, la “Eroica” de Beethoven, la última sonata para piano de Schubert o la “Noche Transfigurada” de Schönberg. Se debe a que su fulgor se ha perdido entre tantos ruidos y murmullos. ¿Qué hacer para recuperar el asombro a través de la música? He aquí algunos consejos 1.- Oír repetidamente una obra maestra 2.- Conocer un poco del contexto o de las proezas técnicas de la composición o ejecución 3.- Oír como meditar, es decir, con atención plena y dejando...
La represión y agresión

La represión y agresión

El malestar en la cultura en la perspectiva de Freud, consiste en el incremento de culpas y de represiones de la libido en su aspecto sexual y agresivo, como consecuencia de un mayor grado de “civilización”. Un efecto boomerang, por llamarlo así. El entorno actual es un peculiar laberinto en este aspecto, que a primera vista parece insalvable. Veamos las consecuencias agresivas de una mayor exigencia civilizatoria represiva y culpabilizante:   El panorama es preocupante. La razón nos dicta afanes civilizatorios, pero al mismo tiempo, elimina los rituales de catarsis que dan cauce a la violencia de manera controlada. Lo más preocupante es que este nuevo modelo de sociedad, basada en la información inmediata y en la sustitución del razonamiento por el poder de la imagen, ha demostrado tener una capacidad increíble de invisibilizar el problema verdadero, viralizándose a sí mismo, condenando a los que atinan a ver la raíz del problema a la exclusión y al ostracismo. ¿Cómo podemos aspirar a la plenificación axiológica de nuestra civilización, sin destruirnos? En primer lugar, aceptando lo que Jung denominó “la sombra” que habita nuestro ser como especie. En segundo lugar, haciendo visible esa sombra y dándole espacio de expresión ritualizada tal como siempre se ha hecho. Si sencillamente la ocultamos con el barniz del lenguaje correcto, lo único que provocaremos es que en el momento menos pensado, esas fuerzas cobren vida propia y se hagan en contra nuestra. La misión es ser conscientes de nuestros arquetipos colectivos y sin negarlos ni ocultarlos, conducirlos hasta su catarsis, explosión creativa o desvanecimiento de sus irrupciones sorpresivas. El riesgo de no hacerlo es...